Recuerdo aquel ejemplo que me puso mi padre en una de esas conversaciones de infancia, en las cuales yo preguntaba sobre el nuevo mundo que se abría ante mis ojos, y el respondía intentando que yo entendiera. Lo cierto es que no recuerdo que le pregunté, ni si esa fue la respuesta, pero sé que en algún momento de mi infancia le escuché, y el consiguió que comprendiera.
Aquel día me contó que si repartiésemos el dinero del mundo a partes iguales, en tan solo unos días, algunos ya no tendrían nada, y otros, en cambio, habrían duplicado, o quizá triplicado su fortuna. Puede que le preguntara por qué había hambre, o quizá por qué aquel hombre pedía dinero en la puerta de la panadería, y le planteara mi revolucionaria solución de reparto equitativo. Claro que, en esa época de la vida el mundo era pura sencillez, y si lo hacía Robin Hood en sus películas, ¿por qué no se iba a poder hacer en la realidad?
Pero por supuesto, tal como deseaba por aquellos años… me hice mayor. Y aquí estoy, intentando contestar preguntas que planteé en la infancia, olvidé en la pubertad, y hoy vuelven a mi más enrevesadas que nunca. ¿Por qué existe pobreza? En esta época de crisis se habla mucho del capitalismo, de si funciona, o si debemos cambiarlo. Los países más poderosos reunidos en una cumbre, preguntándose si quizá debieron establecer algún control sobre los mercados. Unos pocos se llevan las manos a la cabeza, y unos cuantos miles se llevan un puesto en las listas del paro.
Ahora parece que dicen que funciona… ¿pero para quien?, esa es mi pregunta. Lo cierto es que no se mucho de economía, ni llego a comprender todos los mecanismos que mueven el dinero en este mundo, pero visto lo visto, hay algo que falla. Y si hay algo que falla, hay algo, poco o mucho que cambiar.
Ha habido intentos, véanse las experiencias comunistas de la antigua URSS, Cuba, que al final han resultado ser otro mecanismo de represión y de control excesivo sobre la población. Y es que, tal como decía mi padre, hay ciertos comportamientos que el ser humano seguirá adoptando mientras sea humano. Si le controlas quiere libertad, si le das libertad se descontrola. El descontrol lleva a la aparición de diferencias económicas y sociales, y volvemos al punto de partida. Como siempre, la solución debe buscarse en el equilibrio, utópico, inalcanzable, pero real.
Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar
Eduardo Galeano



“Balance is Nirvana”
Lo realmente increíble y desesperante es que a pesar de haber experimentado numerosas veces ese ciclo de libertad y descontrol, no somos capaces de buscar una salida.
Y ya van mas dos veces en un siglo en la que hemos tropezado en la misma piedra, y las que habrá habido y que nadie quiere o prefiere recordar.