En primer lugar, me gustaría pedir disculpas por el largo parón que ha sufrido esta web las últimas semanas. Por ciertos motivos, he estado tremendamente ocupado y al mismo tiempo “desconectado” de internet. No estoy seguro de que pueda seguir actualizando con la misma frecuencia que antes, al menos durante el próximo mes, pero si procurare en cambio no dejar esto tan abandonado como hasta ahora.
El día que creé este blog, decidí hacerlo en torno a una temática bastante abierta, (no por ello menos complicada), y establecer como único objetivo publicar posts sobre reflexiones, textos sugerentes, o con cierto contenido social, político, artístico, o cultural. No se trata pues, de un blog sobre noticias, tecnología o actualidad. No pretende informar sobre nada en concreto, ni convencer al lector sobre ninguna idea. Es más, desde el primer momento animé a cualquier persona a que expresara su opinión, fuera del tipo que fuera, pues en un contexto como éste, todas las opiniones son válidas y enriquecedoras. Se trata por tanto, de un blog que a costa de robar unos minutos a sus visitantes, quizá consiga provocar una sonrisa, un sentimiento… o como su propio nombre indica: un pensamiento. El tema que nos ocupa hoy es la desobediencia civil y sus protagonistas a lo largo de la historia. He decidido dedicar más de un artículo al respecto, para poder analizar con mayor profundidad sus orígenes.
QUE ES LA DESOBEDIENCIA CIVIL
La desobediencia civil es un mecanismo de protesta social que consiste en la negativa a prestar obediencia a las leyes y decretos de algún gobierno o poder establecido. Esta desobediencia puede ser de forma pacífica y no violenta, manteniendo una actitud de protesta contra la autoridad con el fin de rectificar los errores que a juicio de quienes protestan, ésta ha cometido.
Wikipedia, Desobediencia civil.
Sin embargo, la desobediencia civil no se trata tan solo de un mecanismo, o de un método de lucha social, sino que se puede extender hasta convertirse en una forma de dirigir nuestros actos en cada momento de la vida, en una actitud ante las leyes, que no siempre son justas.
Henry David Thoreau, puede ser considerado el padre de esta idea. En 1846, fue encarcelado por negarse a pagar impuestos debido a su oposición a la guerra de México. Tras unos días fue puesto en libertad, ya que entre sus familiares y amigos pagaron su fianza. Sin embargo, de este suceso surgió el ensayo Desobediencia civil, que más tarde inspiraría a personas como Mahatma Gandhi, Martin Luther King Jr., o Liév Tolstói. Es en este ensayo, donde propone su famosa cita:
“Bajo un gobierno que encarcela a cualquiera injustamente, el lugar apropiado para el justo es también la prisión. Y hoy, el sitio adecuado, el único que Massachusetts ha proporcionado para sus espíritus más libres y menos desalentables está en sus prisiones, donde han de ser separados y enajenados del Estado, por acción de este, dado que ellos ya lo han hecho por sus principios. Allí es donde debieran dar con ellos el esclavo fugitivo y el prisionero mejicano en libertad condicional, y el indio venido a denunciar las injusticias hechas a su raza; en este terreno de exclusión, pero más libre y honorable, donde el Estado coloca a aquellos que no están con él sino contra él, el único habitat donde, en un Estado esclavizador, el hombre puede vivir con honor”
Además de dedicarse como profesión a la agrimensura y fabricación de lápices, fue conferenciante y hoy día es considerado uno de los padres de la literatura norteamericana. Era naturalista, ecologista, y filósofo anarquista:
“Acepto de todo corazón la máxima: <<El mejor gobierno es el que gobierna menos>>, y me gustaría verlo puesto en práctica de un modo más rápido y sistemático. Pero al cumplirla resulta, y así también lo creo, que <<el mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto>>; y, cuando los hombres estén preparados para él, ése será el tipo de gobierno que tendrán.”
Para experimentar la vida en la naturaleza de modo autosuficiente y demostrar su falta de necesidad del gobierno para vivir, pasó dos años en una cabaña en el bosque, tras los cuales escribió Walden, otra de las obras por las que es famoso, en la que relata las experiencias vividas durante dicho periodo.
De cualquier modo, lo que nos ocupa no es su biografía, sino las ideas que conceptualizó y que han desembocado a lo largo de la historia en revoluciones pacíficas tan efectivas o más que cualquiera violenta.
“¿Debe el ciudadano someter su conciencia al legislador por un solo instante, aunque sea en la mínima medida? Entonces, ¿para qué tiene cada hombre su conciencia? Yo creo que debiéramos ser hombres primero, y ciudadanos después. Lo deseable no es cultivar el respeto por la ley, sino por la justicia. La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en cada momento lo que crea justo. Se ha dicho y con razón que una sociedad mercantil no tiene conciencia; pero una sociedad formada por hombres con conciencia es una sociedad con conciencia.”
Y bien, dado que existen leyes injustas, es deber de cada ser humano, incumplir deliberadamente estas leyes, y actuar según dicte su propia conciencia.
En este caso, cabe pensar que si cada uno actuase según su propio parecer, el mundo se volvería un lugar caótico, fuera de la ley, anárquico, y descontrolado, pero existen algunas reglas éticas básicas, llamémoslas normas de convivencia, que siempre deben ser respetadas. Si alguien me pidiera que redujese dichas reglas a la mínima expresión, acabaría por determinar que cualquier conducta que no dañe a otra persona de modo directo o indirecto, es una conducta aceptable y legítima.
Un hombre honrado en un pueblo de ladrones, con leyes que obligan a robar, estaría desobedeciendo la ley si se comportase tal y como dicta su conciencia. ¿Sería en ese caso aceptable que dicha persona actuara de esa forma desde el punto de vista de nuestra ética? Pueden existir distintas interpretaciones de la moral del ser humano, pero me atrevo a considerar como ley universal, que cualquier acto que perjudique a otro ser para beneficio propio (exceptuando casos de rigurosa supervivencia), es un acto inmoral.
De este modo y con esta idea, H. D. Thoreau se negó a aceptar la legitimidad del gobierno de los estados unidos, por apoyar cuestiones como la esclavitud o la guerra contra México. Nada mejor para entenderle, que leer sus propias palabras:
“¿Cómo le corresponde actuar a un hombre ante este gobierno americano hoy? Yo respondo que no nos podemos asociar con él y mantener nuestra propia dignidad. No puedo reconocer ni por un instante que esa organización política sea mi gobierno y al mismo tiempo el gobierno de los esclavos.”
“Se pensaría que una negación deliberada y práctica de su autoridad es la única ofensa que el gobierno no contempla.”
“Si mil hombres dejaran de pagar sus impuestos este año, tal medida no sería ni violenta ni cruel, mientras que si los pagan, se capacita al Estado para cometer actos de violencia y derramar sangre de los inocentes. Ésta es la definición de una revolución pacífica, si tal es posible.”
“Para ser estrictamente justa habrá de contar con la aprobación y consenso de los gobernados. No puede ejercer más derecho sobre mi persona y propiedad que el que yo le conceda.”
“No tengo interés en discutir con ningún hombre o nación. No deseo ser puntilloso y establecer distinciones sutiles; ni tampoco quiero presentarme como el mejor de mis ciudadanos. Lo que yo busco, en cambio, es una excusa para dar mi conformidad a las leyes de este país. Estoy totalmente dispuesto a someterme a ellas. De hecho, siempre tengo razones para dudar de mi postura y cada año, cuando pasa el recaudador de impuestos, me dispongo a revisar las leyes y la situación de ambos gobiernos, el federal y el del Estado, así como la opinión del pueblo en busca de un pretexto para dar esa conformidad.”
“Me complazco imaginándome un Estado que por fin sea justo con todos los hombres y trate a cada individuo con el respeto de un amigo. Que no juzgue contrario a su propia estabilidad el que haya personas que vivan fuera de él, sin interferir con él ni acogerse a él, tan sólo cumpliendo con sus deberes de vecino y amigo. Un Estado que diera este fruto y permitiera a sus ciudadanos desligarse de él al lograr la madurez, prepararía el camino para otro Estado más perfecto y glorioso aún, el cual también imagino a veces, pero todavía no he vislumbrado por ninguna parte.”
-Ésta, pues, es mi postura en estos momentos.-


