Sobre los objetivos individuales, y su implicación en la sociedad.
Sobre el cómo y el porqué.
Sobre como los medios afectan al fin.
Fines
A lo largo de la vida, una persona no puede evitar evocar en su propia mente imaginativa distintas situaciones o vidas posibles. Me refiero a las ensoñaciones típicas de la adolescencia, me refiero al romanticismo con el que en algunos momentos tratamos de guiar nuestras vidas, me refiero a los fines.
Un fin, como concepto, es una situación de cualquier naturaleza que queremos alcanzar. En ocasiones un fin tan solo involucra un aspecto en concreto de nuestras vidas. Son ejemplos el ámbito económico (ganar dinero y hacerse rico), sentimental (encontrar pareja), intelectual (aprender algo o estudiar una carrera), y un largo etc. En cambio, otros fines afectan a todas las directrices de nuestra vida. Tienen que ver con nuestra actitud ante la vida, con alcanzar valores absolutos, como la felicidad o el bienestar.
Sea cual sea la naturaleza de los fines, sean de carácter utópico o realista, nos llevan a tomar decisiones, y a realizar acciones en consecuencia.
Medios
Estas decisiones, nos llevan a establecer unas reglas morales auto impuestas, a modo de principios éticos inquebrantables. Estas reglas, pueden ser restrictivas o permisivas. Podríamos caer en la tentación de clasificarlas como muy permisivas o muy restrictivas, pero el relativismo moral nos indica que tales afirmaciones serían tan solo nuestro punto de vista desde el sistema ético subyacente en nuestro entorno.
De esta forma, estas reglas limitan nuestras acciones, que sumadas, definen los medios que seguimos para alcanzar nuestros objetivos.
Los limites del poder de decisión
Desafortunadamente, el ser humano es corrompible, variable, e impredecible. Resulta asustadizo el grado de implicación del azar en nuestras vidas, y por lo tanto en nuestra forma de actuar. Acostumbrados a controlar aquello que nos rodea, solo queda espacio para la desesperación cuando se trata de comprender el caos del día a día.
En lo referente a nuestro comportamiento, estamos condicionados a corto plazo por nuestros instintos, relacionados directamente con la cobertura de nuestras necesidades primordiales (alimentación, excreción y sexo o reproducción).
Por lo tanto, cabe pensar que el espacio disponible para nuestra razón queda reducido a un pequeño rincón dentro del universo de nuestra mente. Pero no caigamos aún en extremismos. Gracias a nuestro grado de inteligencia, somos animales capaces de asumir objetivos a largo plazo, más allá de la brevedad de la satisfacción de los instintos.
Interacción entre fines
Un objetivo se puede clasificar de varias formas: se puede decir que es legítimo, ilegítimo, moral o inmoral. Cualquier definición que se le intente dar no será más que una calificación en base a otros objetivos. Es decir, una sociedad puede, de forma general, considerar justo el objetivo de trabajar para obtener riquezas. Imaginemos, que existiese un individuo cuyo objetivo no fuera meramente económico, alguien como un carpintero, que disfrutara más de la contemplación de los muebles acabados, de sentir que ha desarrollado un buen trabajo, que de la posterior compensación monetaria. En ese caso, sin tener en cuenta la tolerancia de dicha sociedad en la que se encuentra inmerso, podría ser considerado un individuo extraviado, fuera de la corriente que sigue la sociedad.
Por otra parte, si extraemos al carpintero de su entorno, su objetivo no tiene por que ser inválido, o ilegítimo.
La moralidad de un objetivo, por otro lado, es algo más compleja. Por mucho que intentemos aislar al individuo de la sociedad, somos por naturaleza extremadamente sociales. Es más, necesitamos de nuestra colaboración para sobrevivir. Por lo tanto, para poder formar parte de un grupo, es necesario respetar la integridad del mismo. De esta forma se imponen las reglas de convivencia, que dictan los principios éticos más básicos. Mientras estas normas se respeten, se puede encontrar el equilibro entre el individuo y la sociedad, de forma que cada unidad social pueda tener sus propios objetivos, y ninguno de ellos rompa la convivencia general.
Interacción entre medios, y entre medios y fines
En algunas ocasiones, se ha propuesto la siguiente afirmación: “El fin justifica los medios”. Esta reflexión pretende analizar el origen de nuestros actos, no solo a través de los objetivos, sino también a través del estudio de los medios empleados para conseguirlos.
Vivir en sociedad tiene ventajas e inconvenientes. Las ventajas se derivan del apoyo mutuo en situaciones en las que el ser humano no es autosuficiente. Es decir, cuando nos unimos en una comunidad, barrio, pueblo, o ciudad, lo hacemos con la idea de adoptar individualmente papeles distintos, complementarios, y así formar un conjunto completo. Todos no podemos ser panaderos, carniceros, pescaderos, mecánicos, informáticos… Pero si cada uno cumple una de estas funciones, entre todos podemos cubrir todas nuestras necesidades. Esta idea implica cercanía física, y no solo interacción, sino también coordinación. Consecuentemente, cada uno no puede actuar como le plazca, ya que esas acciones pueden tener consecuencias positivas y/o negativas en las demás.
Tal como hemos explicado, hay ciertas normas de convivencia social que es necesario mantener para que se preserve la integridad del grupo. Esta integridad nos lleva a mantener de forma estable el equilibrio en la comunidad. Si cualquiera de los miembros de un grupo es incomodado, o si no puede ejercer su vida libremente, entonces existe alguna regla que está siendo quebrantada.
Inmediatamente, se crea un desequilibrio en una o varias personas. Cada individuo, procurará entonces desde ese momento regresar al equilibrio original, y buscar aquel bienestar que le llevó a formar parte del grupo.El objetivo de mejorar esa situación, de conseguir que se cumpla esa regla, es legítimo y moral. Al contrario, no son legítimos ni morales aquellos medios que a su vez rompan alguna regla de convivencia, por que generan un nuevo desequilibrio. Provocarían la desestabilización de todo el sistema, haciendo que otro individuo se encontrase incomodado, y tomase acciones similares. Se desencadenarían así sucesivas acciones que mantendrían la sociedad en una continua lucha, por no decir venganza. A partir de este momento, la intención con la que se creó la sociedad ha dejado de cumplirse, y llegará un momento en el que existan más personas perjudicadas, que beneficiadas. Este es el punto en el que nos encontramos hoy en día.
El ojo por ojo dejará ciego al mundo.
Si es que aun existe salvación para nuestra condena, ojala la inteligencia humana sea por fin capaz de comprender que el “cómo” afecta al “porqué”, y que no hay fin justificable si para conseguirlo, tenemos que recurrir a medios injustos.


